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Para estar en desacuerdo, primero debes comprender a cabalidad los planteamientos, ideas y pensamientos de tu oponente.  Con esa información y con el análisis profundo de las diferencias entre tus puntos y los de tu oponente es cuando puedes decir con toda propiedad : «estamos en desacuerdo”.

Para lograrlo, debes entender, leer, escuchar y mirar para captar el pensamiento de tu oponente.  Y eso debes hacerlo sin siquiera emitir juicios u opiniones que entorpezcan la captación de sus ideas.

Otorgarle a tu adversario el respeto moral, el beneficio intelectual de la duda y empatizar con sus motivos y su línea de razonamiento.

Y debes tener en cuenta que siempre existe para tí la posibilidad de ser convencido por sus argumentos y/o que el aún pueda convencerse de lo que tu tienes que decir.

Entonces podemos decir que estamos en DESACUERDO INTELIGENTE.

Recientemente leí que el desacuerdo inteligente es el alma de cualquier sociedad próspera. Sin embargo, estamos «educando» a una generación más joven a la que no se les enseña ni el cómo ni el por qué del desacuerdo, y parecen pensar que la libertad de expresión es unidireccional: el derecho a desvincularse, a gritar o abusar de cualquiera que no le guste, para no correr el riesgo de escuchar a esa persona, o incluso de permitir que alguien más la escuche.

Los resultados son evidentes en el estado lamentable de nuestras casas de estudio y en los extremos desarticulados de nuestras democracias.

Podemos estar en desacuerdo constantemente. Pero la toxicidad está que nos negamos a hacer contacto visual con nuestros oponentes, o tratamos de ver las cosas como es debido, o encontrar un término medio.

Luchamos entre nosotros desde la distancia segura de nuestras islas separadas de ideología e identidad y escuchamos atentamente nuestros ecos. Tomamos una ofensa exagerada e histriónica a lo que se dice de nosotros. Desterramos líneas de pensamiento enteras e intentamos excomulgar a toda clase de personas sin darles ni una simple explicación ni mucho menos una audición.

Por lo tanto, el desacuerdo inteligente requiere: cállarse; escuchar; pausar y reconsiderar;

Y solo luego, hablar.

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